Guía practica sobre la planificación financiera de los autónomos

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La planificación financiera es uno de los grandes quebraderos de cabeza de muchos autónomos. La principal razón es la variabilidad en los ingresos, que suelen oscilar considerablemente de un mes a otro, haciendo muy difícil cualquier planificación. Pero si queremos que nuestro negocio llegue a buen puerto y seamos capaces de mantenerlo a flote, es imprescindible contar con una planificación mínima. Especialmente si pretendes acudir a inversores alternativos como los business angels, a los que deberás presentar tu plan financiero.

Cómo hacer una buena planificación financiera para autónomos

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Cómo realizar una correcta planificación financiera siendo autónomo

El primer paso de la planificación financiera para autónomos, como de cualquier estrategia, es fijar nuestro objetivo. Debe estar alineado con los valores de nuestro proyecto, y para ello debemos conocer la situación de partida para poder alcanzas una buena libertad financiera. Antes de realizar cualquier planificación es fundamental conocer la situación financiera actual del proyecto, para lo que necesitas conocer hasta cinco aspectos clave:

  • Qué ingresos tienes: ventas, alquileres, intereses...
  • Los gastos fijos y variables.
  • Bienes: ya sean inmobiliarios o no, hay que conocerlos y saber si están amortizados.
  • Financiaciones: los préstamos o hipotecas que pediste para poner en marcha el negocio, además de los reanting o leasing.
  • Seguros: nos pueden ayudar a blindar la planificación financiera debido a que son seguros deducibles.

A partir de aquí como autónomos podemos establecer los objetivos a corto, medio y largo plazo. Cuando se habla de objetivos a corto plazo, nos referimos a los que deberíamos alcanzar en un plazo inferior a 12 meses. En este caso, hablamos del presupuesto anual de la empresa, pues deberíamos tener acceso al capital necesario para conquistar el objetivo.

En esta primera fase de la planificación financiera, la liquidez tendrá prioridad sobre la rentabilidad. Esto no implica que la dejemos al margen, pero hay que acceder al momento al dinero. Hay que evitar la deuda a corto plazo.

A medida que cumplamos con los objetivos a corto plazo, nos podremos centrar en los objetivos a medio plazo, entre 2 y 5 años vista. La planificación debe tener en cuenta la conquista de objetivos anuales para pensar en el futuro, y buscaremos el equilibrio liquidez-rentabilidad.

Por una parte, debes tener acceso al capital necesario para los objetivos más cercanos, pero por otra parte la planificación debe tener en cuenta la necesidad de obtener rentabilidad pensando en aquellos para los que falta más tiempo.


Por último están los objetivos a largo plazo, a partir de los 5 años. No podemos limitarnos al futuro más o menos inmediato, nuestro negocio necesita unas perspectivas de futuro para no caer en el estancamiento.

Conquistar los objetivos a largo plazo nos permitirá llevar el negocio al siguiente nivel. Esta es la parte más importante de la planificación financiera. Ten en cuenta que pasará mucho tiempo hasta que necesites el dinero, así que buscaremos la rentabilidad máxima. Si quieres liquidez, tienes los objetivos a corto y medio plazo.

La planificación financiera debe incluir la creación de un fondo de emergencia para imprevistos. Si algo nos ha enseñado la crisis del coronavirus es que en cualquier momento puede aparecer un problema que haga tambalearse nuestro negocio.

Lo ideal es ir apartando una pequeña cantidad mes a mes, hasta tener cubiertos al menos seis meses de gastos del negocio. Así, aunque sufras un imprevisto (multas, rotura de maquinaria, pérdida de clientes, impagos) podrás seguir trabajando sin poner en peligro la viabilidad.

El dinero del fondo de emergencia debe estar siempre disponible, no podemos invertirlo en instrumentos financieros. Menos, cuando estos pueden estar sujetos a cualquier penalización si retiramos el capital antes de lo previsto.

Por último, conviene recordar la importancia de hacer la planificación financiera en tres escenarios diferentes: pesimista, medio y optimista. Esto te debería permitir adaptarte a cada situación. Y asegúrate de no subestimar los gastos: siempre es mejor tirar por lo alto en la planificación económica que quedarse cortos.

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